sábado, 20 de noviembre de 2010

Despierta ya que la noche ha terminado y los primero rayos de un sol cegador se cuelan por la ventana, húmeda de las gotas que han ido posándose mientras pasaban las horas, horas llenas de la ausencia que dejaste al irte y que no se completa con la búsqueda de trozos que no encajan en mi cuerpo.
Coge a cada paso el anhelo que dejan los que pasan por tu lado, mira a cada instante la soledad que existe alrededor de todas y cada una de las personas que son algo en tu vida, siente cada segundo para poder recordarlo cuando ya no tengas nada que sentir, vive a cada inspiración y cada latido.
Lucha en la guerra constante del vivir el día a día, muere por aquellos momentos de alegría que invaden cada molécula de tu agotado cuerpo y revive si es necesario, vuela lejos de todo cuando necesites encontrarte en rincones desconocidos y deshabitados hasta que tú llegaste a ellos.
Ama sin miedo y recibe la moneda de cambio más valiosa en este mundo, la libertad.

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